No es la primera vez que en vez de el sonido del despertador me levanto gracias a la inquietud y el desasosiego de unos sueños que desde hace meses, de vez en cuando, insisten en atormentarme y joderme más de lo que ya estoy. Imágenes surrealistas, situaciones imposibles, que sin embargo, cuando me levanto, se que tienen algo de verdad, que es lo peor. Todos los que me rodean aparecen tan en paz, tan... ajenos... Incluso ella forma parte de esa paz, de esa tranquilidad y sosiego que ha conseguido alcanzar. No puedo reprocharle nada a nadie, solo a mi mismo. Y al final siempre quedo como una especie de loco maniaco desesperado en esas imágenes que de vez en cuando tienen el "placer" de pasearse por mi mente en la nocturnidad de un sueño que no termino de conciliar bien muchas veces...
domingo, 26 de agosto de 2012
sábado, 25 de agosto de 2012
El comienzo de una gran historia...
Hace ya casi tres años que empecé lo que hasta ahora ha sido la historia más larga que he escrito en mi vida. Hoy, con poco más de 200 páginas, y con un avance mucho menos rápido de lo que quisiera, esta historia sigue viva en mi imaginación. Así fue como empezó, en una clase de prehistoria en 1º de carrera:
I
Louis Grenuille haceleró el paso. Con un poco de suerte todavía estaría el metro abierto. Cruzó el rio hacia Notredame. La Isla de la Cité se miraba en su propio espejo, el Sena, cuyas aguas eran visrios de colores de noche y aguas turbias de día. En las calles desiertas, encontró por fin una boca de metro. Bajó los escalones de dos en dos y suspiró aliviado al comprobar que todavía no estaba cerrado. Compró un billete en la taquilla y enfiló por los solitarios pasillos y escaleras para tomar el tren en dirección norte. Por corredores contiguos se oyeron algunos apresurados pasos, pero a aquellas horas de la noche el metro estaba practicamente vacio.
Después de terminar el trabajo, el abogado Lafayette se había empeñado en invitarle a un par de tragos en una taberna de Montparnasse. Grenuille había accedido a regañadientes, pues estaba cansado y o era la primera vez que tenía que aguantar las insoportables borracheras de Lafayette. Esa vez se había emborrachado tanto y tan pronto que que se quedó dormido en la barra, por lo que consiguió librarse antes de él. Granuille aprovechó y le dijo al camarero que le diera el recado de que había tenido que marcharse por un asunto urgente. Poco después salió de la taberna dando grandes zancadas. Había sido un día duro. estaba harto de tanto papeleo, solo quería llegar a su casa cuanto antes y meterse con su mujer en la cama.
Al llegar al andén la soledad le sorprendió. No había nadie, lo cual le inquietó. A esas horas podía aprecer cualquier tipo de gentuza y robarle aprovechándose de lo solitario que estaba todo, pensó. Un escalofrio le reccorrió la nuca, asi que decidió sentarse para relajarse un poco. Tanto trabajo a veces pornía nervioso a cualquiera y la imaginación luego jugaba malas pasadas. Pero en su interior, sin saber por qué, algo se puso alerta. se incorporó un poco hasta acabar poniéndose en pie, y miró a su alrededor. Las redondas farolas que colgaban de brazos metálicos fijados a la bóveda no eran sino una siniestra procesión de globos luminosos que flotaban en el hedor que envolvía la estación de la Cité. El silencio solo lo interrumpía el lejano rumor de los trenes circulando por los túneles. Entonces Grenuille creyó ver una grotesca sombra que parecía dibujarse sobre los azulejos de la bóveda, en el otro andén. Se giró rapidamente y comprobó que detrás suya no había nada ni nadie. Cuando su mirada volvió a posarse al otro lado de las vías tampoco había sombra alguna. Estaba empezando a ponerse nervioso. Por suerte, para su alivio un tren acababa de surgir de la oscuridad del tunel. el gusano de luces se detuvo junto a él con un agudo chirrido y se abrieron las puertas. Sin embargo, cuando Grenuille subió al vagón y comprobó que en él no había nadie, la momentanea sensación de alivio que había experimentado segundos antes se desvaneció rapidamente. Resignado, se acomodó en un asiento e intentó pensar en otra cosa. El tren arrancó acompañado por un concierto de sonidos eléctricos y mecánicos. Los ruidos de las ruedas al inscrbirse el comboy en las curvas en lar curvas le daban dentera y hacían que sucesivos escalofrios le surcaran el cuerpo de pies a cabeza. Las luces del techo parpadeaban al ritmo del traqueteo. Fuera, solo oscuridad, la negrura del subterraneo.
De repente, las luces se apagaron y el tren empezó a perder velocidad hasta detenerse. Grenuille se levantó horrorizaado. Solo es una avería, se dijo a si mismo intentando serenarse. El silencio era ahora mortal, de ultratumba. Lo único que percibía era su agitada respiración. No podía ni siquiera verse a si mismo, pues la oscuridad era absoluta, pero notó como las manos le tamblaban involuntariamente. Por todo su cuerpo empezaron a resbalar gotas de un sudor tan frio como el hielo. Se acurrucó en su asiento y abrazó su maletín con fuerza.
Entonces advirtió otra respiración a parte de la suya, mucho más ronca y sonora. No parecía la de una persona. Era como si respirase el mismo diablo. Grenuille, con el rostro surcado por lágrimas de desesperación, agudizó el oido e intentó averiguar de donde procedía. Llegaba algo lejano, asi que quizás , fuese lo que fuese estaba fuera, sumergido en el oscuro silencio del túnel. Se preguntó si de verdad estaba oyendo aquella o era un producto de su imaginación ¿se estaría volviendo loco? Y en aquel momento, como si lo que había fuera le hubiera leido la mente, un fuerte golpe en el costado del vagón lo sacudió con fuerza.. Él dio un brinco y creyó que el corazón se le salía por del pecho. Aquello no podría estar ocurriéndole. Solo podía ser una pesadilla. El golpe se repitio de nuevo, varias veces, cada vez más fuerte. La puerta corredera cedió docilmente y se abrió. Grenuille, que se había encogido al fondo del vagón lloraba a lágrima viva. Intentó gritar, pero su voz se ahogó. Los temblores y el miedo no le dejaban pensar. Solo quería salir de allí. Ya no solo oía aquella respiración cada vez más cercana, sino que ahora también iba acompañada de unos fuertes pasos que parecían estar destrozando el piso del vagón y de los gruñidos propios de una bestia. Se estaba acercando lentamente hacia él. Louis Grenuille entreabrió los ojos y vio como justo en frente de su cara tenía dos esferas amarilllentas que parecían tener luz propia y vida.
II
En la mañana del nueve de octubre de 1925, el tren expreso procedente de Burdeos penetraba en la playa de vías de la Gare d´Austerlitz, en aquel entonces conocida aun como Gare de Orleans. Era una típica mañana de otoño...
Y hasta aquí puedo poner de momento ;)
viernes, 24 de agosto de 2012
Syrio Forell
Una de mis escenas favoritas de Juego de Tronos =) Yo también quiero un maestro de esgrima así.
miércoles, 22 de agosto de 2012
Paranoia nocturna
Buenas noches, mundo ¿Sabes? A veces pienso, para mi regocijo, en lo amplio que eres en todos los sentidos. Tienes tantas cosas que ofrecerme... Eres tan grande, lleno de tantisimas cosas interesantes, de tantas personas, de tantos lugares, idiomas, costumbres... Hay veces que lo único que quiero es lanzarme a descubrirte, a la aventura, ha tomar todo lo que puedes ofrecerme. Porque creo que tienes mucho por ofrecerme, si lo busco ¿Por qué entonces a veces tanto desasosiego ante tu grandeza? ¿Por qué me asusto a veces ante toda la vida que discurre por ti? Quizás sea -pienso- porque estoy solo ante ti, y mi impones muchisimo... Lo más seguro es que sea por eso
lunes, 20 de agosto de 2012
Extraño amanecer después de una extraña noche...
De buena mañana esta tierra parece mirarse en un espejo. La lámina artificial de agua que se extiende ante mí, refleja una urbanización infinita, y el ocre lejano de los montes. Pequeños puntos negros en forma de pato surcan ese cristal, como manchas que se pasean por el espejo. Pero el murmullo de los coches ahoga el sonido de las aves, siempre ocurre así. Mercedes y Roberto aun duermen en este oasis artificial en mitad del mar de plástico.
sábado, 11 de agosto de 2012
Tren de madrugada
Tren en la noche humeda y pegajosa
Las playas de vías y los semáforos se suceden fantasmagóricos a través de la ventanilla
Luces fugaces y difusas se escurren antes mis ojos
El recuerdo de ella también se arrastra por lo mortecino de la madrugada,
y su imagen también se pasea por esa oscuridad
Es lo último en lo que pienso antes de caer en el sueño del traqueteo
Cuando despierto el tren está llegando a Santa Justa
Reminiscencia del último amanecer que contemplé desde un tren...
Las playas de vías y los semáforos se suceden fantasmagóricos a través de la ventanilla
Luces fugaces y difusas se escurren antes mis ojos
El recuerdo de ella también se arrastra por lo mortecino de la madrugada,
y su imagen también se pasea por esa oscuridad
Es lo último en lo que pienso antes de caer en el sueño del traqueteo
Cuando despierto el tren está llegando a Santa Justa
Reminiscencia del último amanecer que contemplé desde un tren...
domingo, 1 de julio de 2012
Futbol...
Entre olor a sudor, a porros y a cerveza barata está transcurriendo (Al menos para mi) esta final que trae de cabeza a todo el país en un momento en el que este espectaculo de masas amenaza con convertirse en un agilipollamiento colectivo (De masas)
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