martes, 28 de noviembre de 2017

Granada, 2017

Río de coches acuchillando el aire
al alba y al ocaso, de noche y de día.
Un ejército de cajas registradoras
está apagando la vida...
Vida de huertas, de perfume de río
y nieve en las sierras...
Vida que muere, entre centros comerciales
y la ceguera de una bruma gris...
Vida que escapa, que se enlata,
que se quema en un depósito...
Tu Granada, Federico, se ahoga
en asfalto, en cemento,
en espejismo humano muerto.
Si tu la vieras...


domingo, 15 de octubre de 2017

Ese octubre no cabías en el atardecer
ni en esa noche improvisada,
desbordabas Granada...
Y me desbordaste a mí.

Ese octubre, el otoño
se quedó enredado
en la miel de tu mirada...
Y yo también.

domingo, 24 de septiembre de 2017

Ciudad blanca que duermes la siesta
junto al mar de cristal
y el desierto de ausencia...

Ciudad de patios y gritos
de murmullos en los terraos
bajo atardeceres inscritos...

Secreto que la piedra destila
¿Qué esconde tu ruina?


martes, 29 de agosto de 2017

Hoy, septiembre juega al escondite
en la ciudad rota,
levantando el polvo acumulado
en las trastiendas de la memoria.
Hoy, septiembre susurra una brisa
de tierra mojada
en otro cielo.

domingo, 2 de julio de 2017

Tres veleros que navegan
por el mar nocturno
empujados por el viento del deseo.
Tres veleros con bandera carpe diem
de distinta procedencia
con distinto rumbo.
Tres veleros que sueltan amarras
que rompen la noche
a toda vela.

domingo, 18 de junio de 2017

No queda nadie al otro lado del salón,
solo pueblan las paredes retratos ausentes
que van perdiendo el color
por el paso del tiempo.
Con la copa en la mano,
y aún con el traje de gala
hecho jirones,
repaso sus rostros.
Algunos me lanzan
una sonrisa nostálgica
desde más allá del cielo.
Otros se han dado la vuelta
y -de espaldas- se alejan
por caminos de reminiscencia
en paisajes de leyenda.
No queda nadie,
y pintado está el salón
de luces y sombras
como pintada está la noche de luna.
No queda nadie
ni murmullo
ni música
ni juegos en la madrugada.
Solo historias y retratos
que pueblan el óxido
de la memoria.
Pero mañana será otro día,
mañana me cambiaré,
tenderé mis papeles al sol
y pondré otro disco.
Mañana, en el recibidor,
pintaré claroscuros velados
por el tono de las cosas sin nombre.

martes, 23 de mayo de 2017

¡Que alivio el cielo
y la brisa de levante
corriendo sobre mi piel!
Allí al fondo,
en algún rincón
entre el mar y la puesta de sol,
el hormigón dibuja
aristas y centros comerciales:
Las cuevas de nuestra civilización.
La atmósfera ya está
cargada de luces al entrar,
y la anónima música
programa los pasos,
la respiración, la vida.
Es el ritmo de las cosas,
del dinero que vuela
sobre el suelo pulido y reluciente
de la gran superficie.
No cantan los pájaros,
solo las cajas registradoras
con cada código de barras,
con cada cierre y apertura,
con cada céntimo que absorben .
No canta la guitarra
bajo la luna,
solo el último éxito,
solo el repetitivo ritmo comercial,
solo el impersonal sonido
de una mesa de mezclas
bajo un techo opaco.
Me asomo a los escaparates
como quien se asoma al precipicio
de la vida,
y solo veo reflejado
un ser que en realidad no es yo,
encerrado en un mundo de brillos,
caras sonrientes
y siluetas de vanidad,
un mundo que en realidad no existe.
Por eso...
¡Qué alivio la música bajo el cielo!