sábado, 8 de abril de 2017

   A veces, leyendo a Isabel Allende no solo nos sumergimos en ese mundo llamado América Latina, sino que también podemos vernos culturalmente reflejados en un espejo de realidades paralelas.

"Tantos años de tiranía no habían acabado con la oposición, algunos sindicatos funcionaban en la sombra, los partidos políticos habían sobrevivido fuera de la ley y los estudiantes no dejaban pasar un día sin manifestar su descontento. Aravena sostenía que las masas nunca habían determinado el curso de los acontecimientos en el país, sino un puñado de atrevidos dirigentes. La caída de la dictadura, pensaba él, se daría por un consenso de las élites, y el pueblo, acostumbrado a un sistema de caudillos, seguiría por el camino que le señalaran."

                                                                       Eva Luna (Isabel Allende)

lunes, 3 de abril de 2017

Me descuelgo del mar humano
para caer en otro,
blanco y pausado,
sin barreras al cielo.
La tarde inflama
este día que ya muere,
y el mar...
El mar muda mi aire, mi tiempo y mi ser.


viernes, 24 de febrero de 2017

El inglés

   "Yo a mi hija no la dejo ver los dibujos en español. Se ha hecho a la idea de que o en inglés o no no hay dibujos. Se tienen que acostumbrar desde pequeños·" -Decía una señora bien dispuesta la otra mañana en la radio.- El programa era un debate de Radio Nacional en el que se discutía sobre la importancia de los idiomas y de por qué a los españoles se nos dan tan mal otras lenguas.
   Tal vea sea cierto. España es un país al que le cuesta comunicarse en otras lenguas, o al menos en aquellos sitios donde solo se habla castellano. Posiblemente por ello creo que tenemos, cada vez más, una obsesión creciente por la lengua de Shakespeare, entendiendo que no hay más idiomas por aprender. Tengo la sensación de que estamos pasando del complejo a sumergirnos de lleno en una aculturización sin límite alguno. Me explico:
   Entiendo la importancia del inglés, por los motivos socioculturales, históricos y económicos que sean. Entiendo que las lenguas son herramientas de comunicación y que por ello la gente las aprende por un fin puramente práctico en la mayoría de los casos. Otra cosa es que lo comparta o que lo tenga que asumir sin cuestionarme nada ¿Y por qué? Pues porque las lenguas, a parte de herramientas de comunicación, son un elemento cultural, es decir, implican una manera de expresarse y por tanto de ver el mundo en la medida en la que te comunicas de una manera diferente con este. Y cuando pasamos de hablarlas a interiorizarlas al nivel en el que lo estamos haciendo, cabe preguntarnos si son algo más que una herramienta. 
   Los anglicismos, de la mano de un sistema económico y de una cultura muy concretas, se han colado en la vida del españolito medio y vienen para quedarse. Juegan un rol cultural en un país volcado culturalmente hacia mundo anglosajón como es el nuestro. Entiendo y comprendo que se importen palabras de otros idiomas, porque al fin y al cabo, las lenguas evolucionan en gran medida a base de intercambios entre ellas. Lo que me choca es esa facilidad con la que asumimos términos, expresiones y palabras que aparecen revestidas de un aurea de modernidad por el mero hecho de estar en inglés. Luego la traducción puede no parecernos tan cool, pero a nosotros nos suena mejor. Y es ahí a donde voy: ¿por qué estamos llegando al punto en el que el castellano nos suena de alguna menera "viejo"? ¿Por qué no saber inglés es de"catetos"?
   Hay quien ve todo esto "natural", como si el darwinismo cultural de la globalización fuera algo que tenemos que asumir sin más porque se impone lo práctico, el venderse, el comercio, lo técnico. Pero lo cierto es que nuestras sociedades van hacia un proceso de homogeneización imparable, hacia una cultura global de la mano del inglés y de un capital sin fronteras que amenazan algo que creo que es muy importante: la diversidad cultural y la misma capacidad de entendernos siendo diversos y no viendo el mundo bajo un único prisma cultural.

martes, 31 de enero de 2017

sábado, 14 de enero de 2017

Retrato de Callao a media tarde.

Salgo del río humano que es la boca del metro. Las escaleras mecánicas escupen una multitud anónima a la superficie, a ese mundo lleno de personas pero deshumanizado al mismo tiempo, ese mundo  que respira por las pantallas y los escaparates. Un gran anuncio con vídeos y luces llamativas invita a adquirir el último móvil de Samsung. En el centro de la plaza, la muchedumbre se agolpa en torno a una caravana promocional que da a conocer un reality show. Este consiste en una habitación cerrada donde dos personas se acuestan y se conocen en treinta minutos. Por lo visto, es suficiente. Aquí todo es rápido, virtual y fugaz. Cómodo, dicen. Global, predican. Tal vez por ello, muchos se apresuraban a capturar el momento con sus móviles, a entrar y salir de las tiendas, a compartir un estado. Porque la realidad es que la humanidad se muere por las esquinas, entre Gran Vía y Preciados.

domingo, 1 de enero de 2017

2016 ha sido un año extraño. Lleno de cambios, de personas nuevas que se han ido cruzando por mi vida y de otras que se han ido alejando, de experiencias y de momentos que mejores o peores ya forman parte de mi historia personal. 2017 será un año completamente diferente en el que pueden pasar muchas cosas que en gran medida dependen de mí, y que determinarán el curso de mi vida en mayor o menor medida. Así  que, toca jugar bien las cartas.
Entre tanto, puedo decir también que 2016 ha sido un buen año en lecturas. Como hice ya el anterior, ahí van todos los libros que cayeron a lo largo de este año: 

- La Catedral del Mar. Idelfonso Falcones. Novela.
- Cabaret Biarritz. José C. Valdés. Novela.
- La vigilante del Louvre. Sara Siscar. Novela.
- Bel Ami. Guy de Maupassant. Novela.
- La sonrisa etrusca. Jose Luís Sampedro. Novela.
- Lusitania. El hundimiento que cambió el rumbo de la historia. Erik Larson. Crónica, ensayo.
- Cuentos. Edgar Alan Poe. Antología de relatos.
- Carta blanca. Lorenzo Silva. Novela.
- Le petit chevaux de Tarquinia. Margarite Duras. Novela.
- Música para feos. Lorenzo Silva. Novela.

Espero incrementar el número para el año que viene :)

lunes, 5 de diciembre de 2016

Los muertos no escriben

Los muertos no escriben.
Solo la emergencia eléctrica de la vida
hacer correr la tinta.
Tres pasos invisibles,
dos manotazos al viento,
un beso al vacío
y un papel en blanco.
Hay que proyectar
sombra en la noche
y deslumbrar a la aurora,
estremecer los palcos
con una buena canción,
nadar en otra piel
como si lo hicieras en un lago,
o simplemente susurrar una historia
en voz bajita.
Roto el tiempo,
batalla en el camino.
Porque los muertos no escriben.