Me perdí en ti sin darme cuenta
-o quizás un poco a posta-
y vagué por tus curvas, valles y montes
como un viajero errante sin equipaje.
Caminé sin prisa, disfrutando del paisaje de tu geografía:
coroné tus pechos para abrigarme en la inmensidad de tu ser
desafié la curvatura del espacio-tiempo en tus caderas
recorrí la línea de tus piernas en tren nocturno
te rendí culto en lo más profundo de tu gruta
Te exploré con avidez.
Para detenerme al final -sediento-
a beber de la ternura infinita
que reposaba en la charca de tus ojos.