La tierra se abrió bajo mis pies
casi sin darme cuenta
y las grietas se abrieron de nuevo
dejando escapar un vacío incoloro
Hoy, las borrascas interrogantes del norte
golpean mi fuego con las preguntas y la culpa
del tiempo que se nos escapó en ese destierro
de las sábanas que tanto olían a ti
Hoy, el invierno crudo de este enero ausente
es otro peldaño más en esa escalera
que forma mi colección interminable
de reminiscencias y ausencias
La llama está débil, agitada por el frío
pero la brasa subyacente la aguanta
como la tierra aguanta el cielo
o como el mar el horizonte
Y grito con fuerza a todos los dioses
que estoy aquí, que aún arde un pequeño rincón de mí
porque bajo el cielo gris de Vizcaya
mi hoguera tirita y tiembla; pero no se apaga.
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